domingo, 15 de julio de 2007

DESEOS DE UNA NINFA

¡Basta!-se dijo-Ya no aguanto más- Y salió de la habitación de una forma repentina que ninguno de los que allí se encontraba podía entender. Entró en su cuarto dejando atrás el ruido de una puerta cerrándose de forma violenta. Se dejó caer en la cama pues el arrebato de antes había dado paso a la desesperación, su cuerpo moreno brillaba con una fuerza especial mezcla del calor de esos días y de la energía que irradiaba. Escuchó al otro lado de la puerta un -¿qué te pasa?- pero la pregunta quedó sin respuesta durante un momento para dejar paso a un nada, déjame; Su voz sonó casi melancólica pero no quería llorar ya que no se sentía débil. Al contrario, nunca había estado más cuerda, más segura de sí misma; Tenía claro lo que quería, o al menos lo que no quería: seguir como hasta ahora.

Ya rondaba esta idea en su mente durante mucho tiempo pero no fue hasta que recibió aquel mensaje de móvil en que se dio cuenta de que no lo bastaba con la vida que llevaba, que necesitaba más, que no estaba completa y aunque buscara en su rutina aquello que necesitaba casi tanto como respirar no iba a encontrarlo.

Ese era el verdadero problema: La rutina. Despertarse un día tras otro para ir al mismo sitio, ver la misma gente, hablar de los temas de siempre intrascendentales para ella. Antes no era consciente del mundo que le esperaba ahí fuera, del sin fin de posibilidades aguardándola que gritaban que debía romper la burbuja que rodeaba su ser y conseguir lo que tanto anhelaba; aunque ni ella misma supiera de qué se trataba.

Bastó un simple sms para que se diera cuenta de algo que sabía desde hacía tiempo: nada marchaba como debía y tenía que cambiar radicalmente, pero no sabía como empezar. Sentía que podría traicionar a su familia, a todos aquellos que la veían tan feliz que nunca pudieron mirarla y ver en el fondo de sus ojos la tristeza de una luz que se apagaba poco a poco sin que ella misma pudiera pedir auxilio pues estaba inmersa en una lucha interna.

Ahí, tirada bocabajo en su cama rodeada de los recuerdos atesorados durante una vida no encontraba nada que definiera lo que ella sentía que debía ser. Tenía sueños sólo que no los había definido del todo. Una lágrima rodó por su mejilla creando un río que desembocaba en la comisura de sus labios. El sabor salado de su propia tristeza la sacó del trance y se vio reflejada en el espejo de su habitación ante el que tantas veces había desfilado para saber que la ropa que llevaba era la adecuada para la ocasión, ese espejo que desde niña la había visto crecer ahora mostraba una mujer más frágil aún que la pequeña que observaba cómo se movía su último diente de leche o que se probaba su primer pintalabios. No era la imagen deseada aun teniendo una belleza sin igual.

Sus cabellos ondulados descansaban sobre sus hombros y esbozó una sonrisa casi imperceptible al pasar por su cabeza que el nuevo peinado que lucía desde dos semanas atrás resaltaba el moreno de su piel.

¡Basta! –Repitió, como queriendo volver a pensar en lo que realmente era importante y para infundirse ánimo a sí misma.

Se puso de pie más erguida que nunca y mirando su reflejo prometió a aquella niña-mujer que desde hoy todo sería diferente, que esta noche sería el comienzo de su nueva vida, que por fin el mundo iba a conocer a su yo verdadero y debía comenzar por su imagen. Una a una las prendas que se acumulaban en su armario fueron lanzadas al suelo mientras ella las descartaba. Ninguna luciría en su esbelto cuerpo como ella quería porque toda esa ropa pertenecía a su antiguo yo así que llegó a la conclusión de que necesitaba ropa nueva y esta vez no era una excusa para ir de compras si no que la situación lo requería. Dos tonos y contestó una voz femenina al otro lado del teléfono. -¿Te vienes de compras? Necesito hablar contigo- y no hizo falta mucho más; Sabía a quien llamar conocía perfectamente cual de sus amigas podría darle el empujón definitivo que necesitaba. Se despidió de su familia y salió a la calle respirando hondo el cálido aire de verano pero sintiendo un frescor revitalizante como si tuviera la certeza de que algo en ella empezaba a cambiar.

Quería sentirse divina esa noche y tenía muchas tiendas que visitar, toda la tarde por delante y decisiones que tomar, no era una tarea sencilla, pero si quería acabar con su anterior vida, con su rutina, no bastaba con una falda y una camiseta cualquiera, su imagen debía ser acorde a su nueva forma de pensar.


CONTINUARÁ...(si a alguien le gusta la historia y me dice que siga)

1 comentario:

Mariposa dijo...

pos nada chico parece que esto está interesante, yo desde Badajoz te animo a que sigas con ello. no sé muy bien por donde vas a tirar cuando sigas, pero si te soy sincera, me he visto reflejada en la mayor parte de las descripciones sobre estados de ánimo....